martes, 13 de diciembre de 2016

¿Intolerancia al trigo o el gluten?

Sorprendentemente hay un aumento increíble de personas con intolerancia al trigo y de alérgicos al gluten.
La gente siempre me pregunta: “pero si el pan se ha comido toda la vida, ¿cómo va a ser malo?”
Quizás, una de las claves más importantes me la dio mi abuelo hace un tiempo:
Hace 50 años, cuando plantaba trigo en Castilla, cada kg de grano producía unos 8 kg, 6 los años malos y 12 los muy muy buenos. Ahora el grano no tiene espigas, no tiene plagas (o sea, no se lo comen los bichos, y ni siquiera los hongos están interesados en él) y cada kg produce unos 50 kg!!!
Así que volvemos a la pregunta del millón ¿Somos lo que comemos o lo que asimilamos de lo que comemos? ¿Asimilamos el trigo actual?
La enfermedad celíaca es un trastorno del intestino delgado causado por una respuesta inmunológica compleja al gluten. Sin embargo, en lo que se refiere al gluten, cada vez abundan más los casos de intolerancia al trigo y al gluten en personas no diagnosticadas como celíacas.
El gluten es una proteína que se encuentra en la mayoría de cereales como son el trigo, el centeno, la cebada, la avena y la espelta. Es el responsable de la consistencia elástica y esponjosa de los panes y masas horneadas. De aquí viene el concepto “aglutinar”. Esta proteína aporta una estructura gomosa al cereal, que se vuelve pegajosa al entrar en contacto con la paredes del intestino. Al cabo de un tiempo, la mucosa del intestino puede sufrir daños y permitir que moléculas no digeridas y poco deseables la atraviesen.
Otro problema añadido es que el gluten es una molécula relativamente parecida a las células de nuestra pared intestinal, por lo que cuando el sistema inmunitario está irritado,  una intolerancia al trigo puede tener relación con que el sistema inmune ataque a nuestro intestino pudiendo provocar problemas como el colon irritable e incluso enfermedad de Crohn.
Se han realizado múltiples estudios con el fin de determinar la razón del aumento de intolerancia al trigo y al gluten. De sus resultados se pueden extraer dos conclusiones importantes:
  1. Como hemos dicho antes, el trigo que se consume actualmente no tiene nada que ver con el ancestral, debido a la evolución natural de los cromosomas del cereal y la ingeniería genética que ha modificado su estructura y sus proteínas. Nuestro sistema digestivo no reconoce dichas proteínas transgénicas y, pueden hacer que se desencadene un conflicto inmunitario.
  2. Los primeros humanos eran nómadas cazadores nada acostumbrados al consumo de cereales. Hace 10.000 años se empezó a cultivar el cereal. Esta cifra nos  puede parecer enorme, pero a nivel evolutivo y genético es una pequeñez y no es suficiente para que se produzcan los cambios necesarios. Nuestro grupo sanguíneo refleja nuestra herencia cromosómica. El grupo sanguíneo O es un tipo de sangre intolerante al gluten.

Según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), en una dieta sin gluten debe eliminarse cualquier alimento que contenga trigo, avena, centeno, espelta, cebada, kamut, triticale y cualquier producto derivado: harina, almidón, panes, pastas alimenticias, etc., pudiéndose tomar arroz, quinoa, trigo sarraceno y amaranto.
En caso de necesidad, prescindir del pan puede resultar complicado al principio, ya que es un alimento que solemos incorporar a menudo en nuestra alimentación diaria. La harina de arroz, que no contiene gluten, es perfecta para los pasteles pero no tanto para el pan. La harina de trigo sarraceno también tiene un sabor particular aunque resulta la más panificable.

Si usted sospecha que no digiere bien el trigo, o tiene algún problema de tipo auto inmune, quizás sea interesante que un profesional le ayude a valorar si tiene problemas con él.

Fuente: http://kinesiologiaholistica.com/blog/2016/01/18/intolerancia-al-trigo/

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